Cada año, por estas fechas, empezamos a mentalizarnos con la llegada del invierno y sus deportes, y de los múltiples beneficios que tienen. Esquí, de fondo o de travesía, el snowboard son algunas de las emocionantes actividades que practicamos para mantenernos en forma y divertirnos a pesar del frío.

¿Qué deportes de invierno queman más calorías?
Si bien la quema de calorías depende del sexo, la edad y la intensidad del ejercicio, resultando en una frecuencia cardíaca más o menos alta, en general, podemos decir que puedes quemar estas calorías en una hora de practicar estos deportes de invierno:

– Esquí de fondo: 800 calorías por hora

– Correr en el frío: 550 calorías por hora

– Raquetas de nieve: 500 calorías por hora

-Snowboard: 470 calorías por hora

– Esquí alpino: 400 calorías por hora

– Patinaje: 380 calorías por hora

Práctica el deporte, pero usa el sentido común
Si tenemos la suerte de poder practicar alguno de estos deportes de invierno, debemos tomar todas las precauciones porque corremos un mayor riesgo de lesionarnos cuando entrenamos en ambientes fríos, además el aire, la luz del sol y las bajas temperaturas pueden perjudicarnos. Así que sigue estos consejos antes de ponerte los esquís, las raquetas de nieve o correr en la nieve para quemar más calorías.

Calentar antes de entrenar o participar en deportes

Sanitas nos recuerda que cuando hace frío, especialmente cuando hacemos deportes como el esquí, tenemos que tomarnos un tiempo para calentar. “En el esquí y el snowboard, la parte inferior del cuerpo es la parte más afectada de nuestro cuerpo. A nivel muscular, los más vulnerables son los glúteos, los cuádriceps y las pantorrillas, si hablamos del fisioterapeuta y entrenador personal de Blua de Sanitas, Fernando Dorrego, señala que la articulación de la rodilla es la más propensa a las molestias debido a todas las cargas biomecánicas a las que está sujeta.

Al deslizarnos, ya sea en snowboard o esquís, mantenemos las rodillas semiflexionadas y los abdominales activos, lo que nos ayuda a mantener el equilibrio, durante mucho más tiempo del que acostumbran nuestras piernas y cuerpo en el día a día.